Luego de cuatro años trabajando de manera independiente, decidí que ya era tiempo de colocarme a prueba y acepté la oferta para integrarme a una prestigiosa empresa, en donde tendría la posibilidad de aplicar todos mis conocimientos adquiridos con los años.
Luego de un tiempo de trabajo y aprendizaje, busqué nuevos horizontes que me permitieran una mayor libertad para desarrollarme integralmente… y adivinen ¡sorpresa!… se rompieron los esquemas de la “empresa establecida”. Pero que más sencillo que graficarlo con una historia:
“Había una vez, en un pueblo no muy lejano, una empresa en donde trabajaban muchos empleados, que debían llegar muy temprano a trabajar todos los días. En este lugar era normal que los superiores no conocieran el nombre de los empleados, ni menos sus habilidades o intereses.
A pesar de que esa empresa era muy exitosa como modelo de negocio y todo los años tenía muchas ganancias, nunca supo escuchar a sus propios empleados. Fue entonces que ellos comenzaron a lamentar el ser ignorados, presionados y agobiados en sus quehaceres diarios: eran infelices.
En otro lugar de ese mismo pueblo, pero en una aldea mucho más humilde, existía una empresa que era mucho más pequeña que la anterior, pero que se diferenciaba del resto por una cosa muy simple: en ese lugar no tenían empleados, sino que personas.
En esta empresa, los horarios de trabajo estaban dados por la capacidad de compromiso y responsabilidad de cada uno. Los jefes y superiores conocían a cada uno de sus compañeros y se preocupaban tanto por como se sentían en su trabajo y por sus familias.
Estas dos empresas siempre convivieron en paz y sin mayores problemas, hasta que los empleados de la gran empresa comenzaron a entender que no solo de dinero se trataba su trabajo. Por otro lado, las personas de la empresa pequeña, siempre se sintieron valorados y respetados por sus superiores; y pudieron trabajar y desarrollarse felices por siempre”.
Moraleja:
Las diferencias son claras: las empresas que se “orientan a las personas“, saben que sus trabajadores son su principal bien y por lo tanto los cuidan y respetan.
Este punto hace la gran diferencia entre empleado y persona dentro de una organización. El saber cómo se encuentran los trabajadores no representa un costo adicional, sino que se replica en la actitud de las personas que se sienten comprometidas con su labor, haciendo las cosas con alegría y pasión.
Lo más interesante es que ésta experiencia no solo se puede dar en una PYME de diez o más personas, sino que también en empresas enormes como Google, en donde cada persona es un componente importante que debe ser valorado como tal.
Espero que a medida que el tiempo pase y las experiencias se presenten, pueda seguir conociendo empresas como la de la segunda aldea, o si se da la oportunidad, de emprender con una con mis propios medios.
PD. Gracias @llabur por el apoyo en este articulo!
